10/8/15

UN SILO EN EL FUNDO "LO MARCOLETA" DE QUILICURA



El único acceso que había para entrar a Quilicura, era la calle Matta.
Se trataba de una hermosa ruta que mostraba a derecha e izquierda, las construcciones de adobes, las cercas de madera o alambre, las zarzamoras, los álamos y las enredaderas multicolores que colgaban desde las añosas murallas.
La ruta exhibía el  paisaje de un pueblo rural y apacible donde a lo lejos se distinguían cientos de bandadas de pajarillos , la quietud de una aldea provinciana,  los escasos vehículos que transitaban, especialmente carretones de carga y uno que otro campesino en su caballo o caminando por las aceras de tierra.
Viniendo desde el poniente, aparecían las haciendas y los fundos que convivían con una que otra casa de adobes.
Junto a la línea del ferrocarril, el “fundo El Carmen”.
Más acá, el fundo “Lo Zañartu”, “Las Parcelas”, “La Vuelta de los ciruelos”.
De este modo se llegaba al fundo “Lo Cruzat” y al fundo “Lo Marcoleta”
El fundo Lo Marcoleta era de los más antiguos de la Comuna.
Albergaba no más de veinte familias de inquilinos y en su época de mayor esplendor cosechaba en gran cantidad el trigo, la cebada los zapallos los melones y  las uvas.
Desde la calle Matta se podía observar la entrada del fundo que era un gran  portón de fierro adosado a una estructura de piedras.
 Junto al portón, una frondosa enredadera de flores rojas como pequeñas campanitas que asomaban desde la casa patronal.
A la entrada del fundo, unos enormes olmos de tupido follaje, que mantenían siempre el paisaje sombreado en inviernos y veranos.
Los trabajadores iniciaban su faena a las siete de mañana cuando un riel de acero se hacía repicar como una campana, anunciando que había que comenzar las labores,
A las siete de la mañana se abría el establo, se echaban a andar los tractores y los inquilinos y campesinos recogían sus herramientas desde una pequeña bodega junto al gran silo.
Los caballos se ensillaban y se preparaban los arados para lo que sería una jornada de trabajo que sólo se detenía al ponerse el sol.
El Fundo se extendía por un gran callejón hacia el norte, hacia un lugar denominado “María Esperanza”, donde terminaba en "pajonales" casi inaccesibles.
La vida del campo era de mucho esfuerzo y las familias que vivían en las chozas del fundo trabajaban sin descanso a cambio de un miserable salario y de un techo que les cobijase.
La miseria, las injusticias, el sufrimiento y las desigualdades eran manifiestos.
A la entrada del fundo y junto a las casas patronales se levantaba un gran silo, que ciertamente despertaba las fantasías de los niños del  fundo y al que ellos no tenían acceso.
El silo del fundo estaba destinado a secar y almacenar el  trigo y maíz.
También allí se depositaba el follaje de los animales, la cebada y la alfalfa.
El silo era una estructura cilíndrica de cemento que tenía una entrada única y que contaba con unos pequeños orificios de  ventilación.
Para los niños y niñas campesinos el silo parecía enorme.
En ocasiones los niños del fundo se asomaban por alguno de estos orificios y gritaban hacia el interior para escuchar el eco de sus voces.
En las noches de luna llena los niños solían jugar en la explanada del silo aprovechando que la luna les servía de iluminación. Era mágico escuchar sus rondas que rompían el constante silencio del atardecer:

                           “¡Qué quería su señoría, mandandirun dirun  dan?
                           - Yo quería una de sus hijas mandandirun dirun dan
                            ¡Y a cuál de ellas quiere usted mandandirun dirun dan?
                            -Yo quería a la Carmencita mandandirun dirun dan”

Los juegos de los niños, permitían que también sus madres se acercaran hacia el silo donde comentaban acerca de sus quehaceres, mientras quemaban las “bostas “de los animales para espantar con el humo,los miles de zancudos que se dejaban caer sobre ellos.
En aquellos pocos minutos también los labradores intercambiaban vivencias y comentarios. No había mucho de qué hablar, pero en esos horas del anochecer se forjaban los pequeños sueños de la gente del campo.
La explanada del silo, era el lugar donde llegaban las cabalgaduras y los bueyes, se reunían los carruajes, se guardaban las herramientas y los tractores y el lugar donde el “Patrón “muy de vez en cuando reunía a “los peones”.
La luna inmensa iluminaba el silo y el fundo y junto a ella, ya cerca de las nueve de la noche cada uno volvía a sus chozas donde cambiaban la plateada luz de la luna, por una vela que alumbraba  la choza.
El fundo “Lo Marcoleta” tuvo su época de gran esplendor entre los años cincuenta y sesenta. Desde allí se extraían los productos agrícolas y la leche.
Además contaba con una gran cantidad de ganado y animales.
Dejó de existir al inicio de la década de los años setenta,  como todas esas haciendas, cuando vino la reforma agraria y los terrenos en muchos casos fueron expropiados para ser urbanizados.
Extrañamente el silo permaneció allí y hoy se encuentra rodeado de villas y pasajes.
Tal vez muchos niños y vecinos de hoy lo miran con una cierta interrogante, sin comprender mucho la historia que anida y los recuerdos y nostalgias que significa para los antiguos lugareños.



8 comentarios:

  1. Hola Mario...me encanta este silo y la verdad, no sabía nada de su historia. Tu blog está muy completo; me pregunto por qué nunca se la da la relevancia que merece en el aspecto histórico.patrimonial de Quilicura. Le pega "tres patadas" a lo que publica el famoso CENPHA, que apenas pasó a manos municipales quedó en puro tollo. Desgraciadamente, esta tierra que tú tanto amas, vive a merced del capricho político de turno, y no logra crear conciencia cívica en mayoría de sus habitantes, quienes votan y eligen por inercia o mezquino interés propio.
    Yo, confieso que aún gustándome mucho la historia de Quilicura, no me puedo acostumbrar a su retraso cultural.

    En fin, sin perder el norte del comentario: muy bueno tu aporte!

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  2. El Magnolio de la calle San Martin de Quilicura, frente a unas viejas bodegas con subterraneo donde reposaban los barriles de chicha y vino, hace más de doscientos años se plantó un magnolio grandiflora, árbol de los pantanos tropicales de América. ¿Qué viajero o extranjero trajo la semilla desde tierras lejanas (Por suerte en esos años no existía el SAG)y el árbol fructificó y todas las primaveras por siglos nos ha brindado sus preciosas flores, es un monumento viviente y evidencia que nuestro pueblo chileno es muy civilizado, muy generoso y desinteresado. Este Árbol que es el magnolio más grande de Chile debe ser catastrado y protegido por la comunidad y el estado, al igual que todos los árboles centenarios que quedan en Santiago. Son Monumentos históricos vivientes que no pueden ser derribados como el viejo olmo que había a la entrada de Lo Castillo que tenía más de doscientos años y que botaron para construir un estacionamiento y un Supermercado Jumbo.

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    1. Muy hermoso su comentario acerca del Magnolio.
      En efecto por años ha entregado en forma gratuita sus hermosas flores, y se ubicaba en lo que era la antigua calle del fundo Santa Luisa que nos conectaba con la Familia Escobar dueños de ese predio y que fueron los que pusieron ese árbol florido en década de los años cincuenta.
      Muchísimas gracias por sus comentarios y por leer estas crónicas, en verdad son el único patrimonio que nos queda y que yo me he hecho un deber el rescatar.

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  3. Hola me darias la direccion exacta del silo

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  4. Hola sigo sus historias de quilicura hace rato. Aun existe ese magnolio donde esta específicamente????.

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  5. Soy cde maipu.y m fascina el recuerdo y nostalgia por la tierra primera

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  6. José Tapia Gonzalez31 de agosto de 2018, 6:50

    Quilicuraantigua,q hermosura
    Hoy Quilicura que locura.
    Los hombres y el progreso nos mata poco a poco!

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