21/9/15

QUILICURA 1960, RUGIDO DE MOTORES Y TERREMOTO

En el año 1960, el centro de Quilicura era la calle José Francisco Vergara, que tenía una extensión de apenas unas cuatro cuadras, es decir desde la plaza  a la calle San Martín, hacia el poniente.
La mayoría de las construcciones eran añosas casas de adobe que habían resistido el paso de muchos años
El comercio en la principal calle de Quilicura,  era muy precario, una carnicería, unos cuantos almacenes, la panadería y la botica de la esquina.
La principal característica, era sin duda la quietud, la pasividad de la aldea que no tenía alteraciones y que cada día no presentaba diferencias con el siguiente, es decir las horas quietas de cada día se prolongaban también a los fines de semana.
En el año 1960, Quilicura contaba con poquísimos vehículos motorizados, las calles solitarias dejaban el sentir de carretones y cascos de caballos, algún tractor y el transitar de campesinos que caminaban con sus herramientas.
Una vieja “micro” era el transporte público que  nos conectaba con Santiago, la capital.
No éramos más de 35 mil habitantes distribuidos en sectores muy específicos y reconocidos: “Las parcelas”,” la estación”,  “el pueblo”,  “San Luis”,  “Lo campino”,  “Lo Ruiz”, “Lo Zañartu”
Precisamente ese año, un hecho inusual trastocó la pasividad y convirtió a nuestra comuna  en el epicentro de ruidosos motores y de gran algarabía.
La federación nacional de motociclistas y el municipio, hicieron un convenio para que Quilicura se convirtiera en un circuito de competencias  y permitiera que llegaran hasta nuestra aldea connotados motoristas no solo de Chile, sino del nivel latinoamericano.
El “circuito de Quilicura” tenía un gran atractivo para los deportistas y prontamente las originales características de nuestra geografía atrajeron una gran cantidad de aficionados de la capital.
Lo pintoresco de Quilicura, era este aspecto de pueblo provinciano donde se respiraba la pureza del aire y se convivía con las tradiciones y costumbres del campo.
Un día  domingo, el verano del año 1960 se realizó la primera competencia del “circuito de Quilicura”.
De pronto, sin aviso previo, las calles de cerraron y antes del mediodía una gran cantidad de motos de toda cilindrada invadieron nuestro pueblo y los lugareños se sorprendieron con las hermosas motos y los potentes motores. Un olor de combustible y sequedad invadió  todos los rincones y los Quilicuranos sorpresivamente fueron protagonistas  de una nueva experiencia.
El circuito para la competencia se iniciaba en la calle José Francisco Vergara, luego por san Martín hacia el sur, hasta la calle Blanco Encalada.
La calle Blanco Encalada conectaba en la curva con Manuel Rodríguez y concluía por la calle Los Carrera.


Desde el punto de vista técnico, el circuito era magnifico, pues presentaba muchas curvas y zonas rectas donde los motoristas lograban una gran velocidad. Eran unos 1500 metros de pista en que  los vecinos se instalaban en las veredas para ver el paso de las veloces motos.
Las carreras, donde por cierto, no competía ningún Quilicurano, finalizaban al caer la tarde.
Al inicio, el impacto que provocó la presencia y la velocidad de las motos,  fue de gran connotación,   pero luego al considerar que se trataba de algo ajeno a nuestra idiosincrasia, dejó de tener importancia y los Quilicuranos optaron por seguir los días del evento, con normalidad e indiferencia.
Algo inesperado ocurriría uno  de aquellos domingos de competencia.
Era la mañana del domingo 22 de mayo del año 1960 y cerca del mediodía comenzó el ajetreo de los motoristas.
El control de los asistentes se hacía en la calle José Francisco Vergara en la esquina de la “botica” de la calle Los carrera. Era el único acceso hacia la parte poniente de la comuna.


Como había ocurrido antes, las calles del circuito quedaban vacías y las motos hacían rugir  sus motores mientras hacían el reconocimiento de la ruta.
El día de otoño estaba soleado de tal manera que los vecinos se instalarían en las veredas a compartir una agradable tarde.
La competencia propiamente tal se iniciaba ya pasadas las 14.00  horas. En verdad era un espectáculo muy atractivo pero que no estaba enraizado en las costumbres y en las tradiciones de la gente del “pueblo” de Quilicura.
Había competencias para las distintas cilindradas de motos pero todas las carreras tenían como característica especial el ensordecedor ruido de motores que exacerbaba  la  impavidez de los perros, de otros animales, de las aves y de los pájaros.
Pasadas las tres de la tarde la competencia estaba en pleno apogeo.
De pronto, lo inesperado.
Un violento temblor se dejó sentir pasadas las tres de la tarde. El ladrido de los perros el cacareo de las gallinas y gallos, el relinchar de caballos, el intenso ruido subterráneo del temblor se mezcló con el rugir de los motores y se desató el terror en todos los vecinos.
La tierra temblaba con gran intensidad y era fácil observar el movimiento de las plantas y los árboles, algunas techumbres cayeron y las más viejas construcciones de adobes empezaron a derrumbarse.
El sismo era de gran magnitud y de extensa duración.
El pánico se apoderó de los vecinos y poco a poco el ruido de los motores comenzó a silenciarse.
Esa tarde de domingo la competencia finalizó intempestivamente y la aldea retomó su quietud, aunque en el aire se respiraba un gran nerviosismo y una marcada incertidumbre.
Horas más tarde, cuando se recompuso la energía eléctrica, las radio emisoras anunciaban trágicas  noticias: un gran terremoto había sacudido el sur de nuestro país y las consecuencias eran devastadoras.


Fue al día siguiente cuando la magnitud del terremoto se hizo manifiesta, los diarios y la prensa de la época informaban que en la localidad de Valdivia se había producido un gran terremoto y que prácticamente toda la ciudad estaba derrumbada, eran cientos de muertos y desaparecidos  y que el mar había ocasionado maremotos no sólo en las costas chilenas, sino en otros lugares alejados del mundo.
El país había quedado desconectado, los ríos se habían desbordado y las carreteras estaban destruidas.
Lo que se vivía en el sur de Chile era el terror.
En nuestra comuna varias casas de adobes quedaron seriamente dañadas y otras construcciones se derrumbaron. Lo más peligroso fueron los cables del antiguo tendido eléctrico que se cortaron con la presión del movimiento.
Años después, en Chile nos enteraríamos que el terremoto de Valdivia, es el más devastador del que se tenga registro.
Aquel domingo 22 de mayo, fue el último domingo de competencia de los motoristas en el “circuito de Quilicura”.



1 comentario:

  1. Señor Monasterio, excelente trabajo de investigación y recuperación de nuestra historia.
    Llegué a su blog en búsqueda de una información que tal vez usted pueda aclararme. Busco el denominado cerro El Condor que estuvo al parecer dentro de los límites del fundo de la señora Blanca Echevers de Zañartu en el año 1929 aproximadamente.
    Podría orientarme por favor, mi mail es patobruna729@gmail.com
    Agradecido,
    Patricio Bruna

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